La validez del corazón


 No se mide en palabras bonitas,

ni en promesas que el viento se lleva.

La validez del corazón

vive en lo que se siente

cuando nadie nos ve.


Está en la mano que ayuda,

en la mirada sincera,

en el silencio que abraza

cuando el alma está cansada.


Un corazón verdadero

no necesita pruebas ni testigos,

porque su verdad

late firme en cada acto

y en cada gesto pequeño.


Cuando el mundo duda,

cuando las sombras preguntan quién eres,

la validez del corazón

responde sin hablar:

con amor, con bondad

 y con la pureza de lo que nace del alma. 


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