Deja de ladrar, culpándome por tu propia debilidad
Deja de ladrar, culpándome por tu propia debilidad, como si mi nombre fuera la herida y no el refugio donde aprendiste a temblar. Si vas a gritar, hazlo más fuerte pero esta vez di la verdad: que no puedes odiarme porque en el fondo me necesitas para seguir amándome. Me miras como si fuera abismo, como si amarme fuera caer sin fondo, sin regreso, como si mi nombre fuera la última palabra antes de desaparecer. Porque sé lo que escondes: esa necesidad oscura de ser destruido. El amor que te doy no salva, consume, marca y se queda incluso cuando intentas huir. Así que grita, muérdeme con palabras, huye si quieres. No soy la sombra que te persigue, ni el eco que te rompe al caer la noche, soy apenas el espejo donde te atreves a mirar lo que eres. Me nombras con rabia, con esa furia que tiembla, como si odiarme fuera más fácil que aceptar cuánto me deseas....